(Nota: algunos nombres se cambiaron)
Hace seis años, a principios del 2001, trabajaba en un lugar que no me ofrecía ya nada para mi mejoramiento personal o profesional. A mis 23 años fue mi primer trabajo “formal” y digamos que estuve en el área de “coordinación de la producción”, aunque probablemente no se haya llamado así mi puesto, es lo que hacía. En ese trabajo completé mi “esfuerzo sobrenatural” para terminar mi tesis de licenciatura, como ahora hago otra vez ese “esfuerzo sobrenatural” para la de maestría. Le prometí a Laura -o sea a mí misma- que no me saldría de trabajar hasta que terminara esa tesis, y que cuando terminara mi tesis, podría tomarme unas vacaciones “espirituales” haciendo exacta y precisamente lo que yo quisiera, sin presiones, el tiempo lo tenía todo y elegí hacer algo que no tuviera que ver nada con la ingeniería química, porque después de 4 años y medio de escuela, y un año haciendo trabajo de tesis, -sin contar los 15 años en escuela de monjas- yo “merecía” algo más. El 31 de enero dejé de trabajar en esta empresa, y el 9 de febrero del 2001 fue mi examen de titulación -todo bien, gracias-, el 15 de febrero busqué trabajo y el 16 de febrero ¡me lo dieron!, y el 26 de febrero me encontré en un avión hacia Ginebra, Suiza.
Nunca había viajado hacia Europa, pero era el sueño de mi vida “en ese entonces”. En los años que había estado en la licenciatura tomé clases de francés, y llevaba muchos años “en revant de Paris” y “de la culture francaise” que me hormigueaba desde la nariz hasta el talón. Convencí a papá. No le parecía muy seguro que yo fuera a vivir con una familia que conocí a través de internet, para cuidar a sus “enfants”. ¡Sí papá!, ¡seré au pair!” Papá investigó a monsieur Ledoux y a la madame Ledoux por internet. Había dicho trabajar en un banco suizo… Sí, sí trabajaba en un banco suizo. Sí, sí existía monsieur Ledoux, un hombre de 37 años, casado con una mujer de 35, y eran los felices padres de Maximilien, Guillaume y Geraldine. Con la ceja levantada papá aceptó mi partida y aterricé “à la belle Suize” el día 27 de febrero para iniciar mi nuevo trabajo.
Recuerdo entrar en el departamento de dos pisos, madame y monsieur Ledoux felices de presentarme a sus pequeños empijamados. El de lentes, de 9 años me dijo cualquier cosa que seguramente se parecía a un “hola” que no entendí. El segundo, de 7 años, sonrió chimuelo con su rubio cabello con corte de príncipe valiente. La pequeña, de 4, bailaba.
Al recordarlo, me parece terriblemente romántico, pero al ser objetiva y recordar mis sentimientos en esos días, creo que no fue completamente así…
Lo que se me hace lo más impresionante de esta historia es la velocidad con la que en el tiempo de un mes, le dí un giro a mi vida de 180°. Laura Ingeniera, Laura Au Pair…. Con solo el poder de desearlo…







on Oct 7th, 2007 at 21:03
Curiosamente mi hija Rocío está exactamente en la misma situación. Ella es Licenciada en Matemáticas, y dejó de trabajar el 2 de julio del 2007, en una empresa donde le dieron oportunidad de desarrollarse en el area de control de calidad y producción. A fines de julio voló a Londres, y casi un mes después se contrató como au pair con una familia norteamericana que viven en Inglaterra. Dice que se regresa en febrero. Su correo: rociomarai@yahoo.com