La risa no siempre es el remedio infalible
Un ataque de risa puede llevar a la muerte, a esto se le conoce como:”fatal hilarity” (en inglés), pero en el español no existe un término específico para referirse a este fenómeno.
Históricamente se han archivado relatos en los que se describe cómo han muerto de risa algunas personas. Tal es caso del filósofo griego Crisipo, quien en el siglo III a. C., murió de risa después de darle de beber vino a su burro y ver cómo el animal intentaba alimentarse con unos higos.
Se dice que en 1660, el aristócrata escocés Thomas Urquhart, el primero en traducir del francés al inglés las cinco novelas que conforman Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, murió de risa al enterarse que Carlos II de Inglaterra había ascendido al trono.
En 1782, la señorita Fitzherbert sufrió un ataque de risa mientras presenciaba la obra “The Beggar´s Opera”. Cuando Charles Bannister apareció en escena como Peachum, ella tuvo un ataque de risa incontrolable, tan fuerte que la tuvieron que sacar del teatro. Continuó riéndose en forma continua durante toda la noche y falleció a la mañana siguiente.
Alex Mitchell, albañil de King Lynn, Inglaterra, estaba viendo con su esposa The Goodies, una serie inglesa de humor absurdo de los años 70 y 80. Alex no paraba de reír a carcajadas, hasta que después de 25 minutos de risa continua acabó en un ataque cardíaco. Este triste desenlace no impidió que su viuda les escribiera una carta a los Goodies, en agradecimiento por haberle hecho pasar un momento tan agradable a su difunto marido.
En 1989, el otorrinolaringólogo danés Ole Bentzen murió viendo la película Un pez llamado Wanda. Se estima que su corazón alcanzó un ritmo de 250 a 500 latidos por minuto, antes de que sufriera un ataque cardíaco.
En 2003, Damnoen Saen-um, un vendedor de helados de la provincia Prae, Tailandia, se murió de risa a la edad de 52 años. Se dice que mientras dormía le empezó a dar risa y su esposa intentó despertarlo sin éxito. Finalmente falleció tras dos minutos de risa continua. Se cree que murió a consecuencia de un ataque cardíaco o por asfixia.
Cabe mencionar que este fenómeno ha causado gran polémica y ha llegado a la ficción. Tal el es caso de la novela Infinite Jest de David Foster Wallace, donde hay una cinta de video que contiene una película tan entretenida, que toda persona que la mira pierde completamente el deseo de realizar otra actividad, entrando luego en coma y finalmente mueriendo.
Sin embargo, la única persona que podía ver esta película sin salir afectado era el director, quien estaba demasiado desequilibrado mentalmente como para verse afectado por su humor.
En la escena de Monty Python, el chiste más gracioso del mundo, el chiste resulta ser tan gracioso que todo aquel que lo escucha o lee, inmediatamente se ríe hasta caer muerto. Es por esta razón que los ingleses utilizan el chiste contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. El chiste era tan letal, que fue necesario que cada palabra fuera traducida por un traductor distinto, ya que al escuchar dos palabras podía provocar el estado de coma. De hecho, las palabras en la escena sonaban como alemán, pero en realidad carecían de significado, probablemente para evitar su traducción.
Casualmente, dos de los miembros de Python, John Cleese y Michael Palin actuaron en A Fish Called Wanda, la cual, tal como se indicó previamente, condujo a morir de risa a uno de sus espectadores.
Así como estos relatos, existen otros más que tratan de aprobar el fenómeno de la hilaridad fatal, sin embargo, algunas personas sólo lo ven como una leyenda urbana.
Fuente:
www.planetacurioso.com







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